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Ajedrez - Entrenamiento de Táctica

26. Open Internacional de Ajedrez Villa de Benasque 2006 Benasque (España)
06 - 15.07.2006

Árbitros, nervios y trampas (13-07-2006)

Aunque puedan parecer innecesarios, los jueces son imprescindibles en los torneos de ajedrez

Cuando los ajedrecistas se apuran mucho de tiempo, los nervios se disparan y el ritmo de la partida puede llegar a los dos movimientos por segundo. Y la enorme progresión de las computadoras de ajedrez origina las trampas con artilugios electrónicos. Son dos de las muchas razones para que todos los torneos tengan árbitros, tanto si los jugadores son aficionados como profesionales o mezcla de ambos, como en Benasque. Con las anécdotas sobre este tema puede escribirse una enciclopedia.

Una delgada raya separa a veces la necesidad de un jugador de sus manías. Por ejemplo, la silla de un ajedrecista durante un torneo es importante porque pasará en ella cuatro o cinco horas diarias con gran tensión, y debe sentirse cómodo. Pero hay jugadores tan excéntricos que exigen una paciencia sobrehumana de los árbitros.

Corrían los años setenta cuando el español Antonio Medina, encargado de dirigir el Torneo Internacional de Las Palmas, recurrió a la astucia para resolver un delicado problema. El brasileño Enrique Mecking, que luego sufrió una grave enfermedad nerviosa, se quejó de la silla. Le trajeron una docena de modelos diferentes, sin éxito. Cuando la desesperación comenzaba a invadir el semblante de los presentes, Medina, con aire resolutivo y una silla en sus manos, se presentó ante Mecking y le dijo: "Creo que ésta es perfecta. A ver si le gusta". Mecking la probó, y asintió: "En efecto, esto es lo que yo quería". Se trataba de la primera silla que el brasileño había rechazado.

En el Mundial de Sevilla, 1987, entre los soviéticos Gari Kaspárov y Anatoli Kárpov, al primero no le gustaron las numerosas sillas propuestas por la organización, ni siquiera algunas de época, ofrecidas por el lujoso hotel Alfonso XIII. Pero una empresa de muebles, Roneo, vio una excelente oportunidad comercial: mandó a la capital andaluza un camión lleno de sillas, logró que Kaspárov eligiera una y publicó al día siguiente un anuncio en la prensa: “Kaspárov llegó a Sevilla y Roneo le encontró la mejor silla”.

En Benasque, los problemas suelen ser de otro tipo, como indica el árbitro principal, José María Redondo: “Los jugadores aficionados suelen tener más dudas con algunas normas del reglamento o con el ritmo de juego. Con los profesionales debemos estar muy atentos en los apuros de tiempo porque son capaces de jugar muy bien a una velocidad de vértigo y con los nervios en ebullición. Y en ese trajín puede pasar de todo; que las piezas salgan volando, que el reloj vaya al suelo, que a los dos se les agote el tiempo con una diferencia de pocos segundos, que se molesten de palabra o de obra… en fin, son situaciones que obligan al árbitro a una concentración total para tomar la decisión correcta”.

A veces, muy pocas, el equipo de árbitros decide amonestar o vigilar estrechamente a un jugador que va al retrete con demasiada frecuencia y que además tarda mucho en volver a la mesa, como ocurrió hace cuatro años con un holandés que hacia trampas con un ordenador de bolsillo. El auge de los artilugios electrónicos y el enorme progreso en la calidad de juego de las computadoras de ajedrez ha llevado a la prohibición total de los teléfonos móviles en la sala.

Cabe preguntarse si se llegará al empleo de inhibidores de ondas, como los que utiliza la Guardia Civil cuando se encarga de la seguridad de un acontecimiento, para evitar que a un jugador le ayude un amigo, conectado a un ordenador fuera de la sala, que le sople las jugadas por medio de un microauricular, como ya ha ocurrido en varios torneos de distintos países. El problema de esa medida es que sería demasiado cara para casi todos los organizadores. Pero Redondo apunta una solución mucho más barata: “Ya hay tarjetas detectoras de cualquier dispositivo electrónico que esté en un radio de 2,5 metros. Y cuando un jugador despierta sospechas porque está jugando mucho mejor de lo que se le supone, basta comparar sus movimientos con los que haría una computadora en esa misma posición. Si la coincidencia es de más de un 60% y se repite en más de una partida, casi puede asegurarse que está haciendo trampas”.

Leontxo García