El resultado de varias jugadoras este año en Benasque es insólitamente bueno
Ni lo más veteranos recuerdan que, en las 25 ediciones anteriores, hubiese dos mujeres entre los diez primeros del torneo de Benasque a falta de sólo tres rondas para la clausura; ni, menos aún, cinco en el primer tercio de la clasificación a falta de cuatro. Por fin empieza a vislumbrarse la igualdad de sexos en el ajedrez, que todo el mundo vería normal pero aún no existe: entre los cien primeros del mundo sólo hay una mujer.
La india Tania Sáchdev y la georgiana Ana Matnadze hicieron historia el miércoles, no sólo porque ganaron sus partidas contra dos rivales teóricamente muy superiores –el armenio Movsziszián y el excampeón de España Mario Gómez-, sino por la gran calidad de juego que exhibieron. No sería extraño que la falta de experiencia en jugar partidas muy duras varios días seguidos provoque un rendimiento algo menor de las jugadoras en las últimas rondas; pero, aunque así fuera, la XXVI edición del Villa de Benasque ya tiene un sello especial para la historia, y quizá indique un punto de inflexión en la lucha de sexos en el deporte mental.
Nadie ha demostrado todavía de forma categórica por qué, salvo contadas excepciones, las mujeres juegan peor que los hombres al ajedrez. Un hecho indiscutible es que el número de jugadoras es muy inferior al de jugadores. Eso puede ser debido a la discriminación o marginación que las mujeres sufren aún en buena parte del mundo. Pero varios maestros de escuela que han dado clases de ajedrez, españoles y extranjeros, coinciden en una observación que incita a pensar en otras razones: hasta la pubertad, el interés y la fuerza de juego de niños y niñas es muy similar; cuando explota la adolescencia, las niñas se desinteresan por el ajedrez en número mucho mayor.
Ello podría deberse a que, en casi todo el mundo, el elemento de la competición, de ganar al otro para ser el mejor, tiene mucho peso en la educación de los niños, y muy poco en la de las niñas, aunque la tendencia está cambiando; el ajedrez es sumamente competitivo. Pero algunos científicos atribuyen ese fenómeno a la diferente composición de los hemisferios cerebrales: las mujeres tienen más desarrollado uno, y los hombres el otro, y quizá éste sea el que más influye en las cualidades necesarias para ser un buen ajedrecista.
Sin embargo, los hechos conocidos incitan a pensar que la palabra clave es educación. En la ex república soviética de Georgia, donde Ana Matnadze nació y se educó, la diferencia de categoría entre ajedrecistas masculinos y femeninos es mucho menor que en el resto del mundo. Todo indica que la explicación está en un hecho histórico: en el siglo XII, la dote nupcial de las georgianas incluía un tablero de ajedrez. Y las mejores jugadoras del país son heroínas nacionales, muy bien pagadas y cuidadas, lo que apenas ocurre en el resto del mundo.
Leontxo García